‘Mi querida cofradía’ – líos de faldas y torrijas

Mi querida cofradía

[crítica publicada originalmente en Butaca y butacón]

Uno de los aspectos que me han resultado más agradablemente curiosos de esta edición del BCN Film Fest 2018 ha sido toparme con varias obras donde las mujeres de edad madura ostentan papeles protagonistas. Si estáis pensando que este apunte resulta innecesario, tratad de hacer un ejercicio de memoria y recordad películas con protagonistas femeninas más allá de la cincuentena (obviando a Meryl Streep o las ocasionales Helen Mirren e Isabelle Huppert). Por ello, durante estos días de festival, me alegra haber visto obras como Las estrellas de cine no mueren en Liverpool -con una conmovedora y fascinante Annette Benning- y también en Mi querida cofradía

Nuestro querido costumbrismo

Gloria Muñoz interpreta a Carmen, una mujer cuya vida gira completamente en torno a la hermandad de su pueblo y que cree que su labor obtendrá finalmente reconocimiento siendo nombrada Hermana Mayor. Sin embargo, el cargo recae en Ignacio, lo que pone de manifiesto que aún son los hombres quienes llevan la voz cantante en este tipo de círculos. A partir de aquí, una visita inesperada y un accidente harán que Carmen se vea envuelta en una complicada (e hilarante) situación que implicará a cada vez a más personas.

Lo primero que hay que señalar es que Mi querida cofradía funciona perfectamente como una comedia que contiene los ingredientes necesarios para resultar agradable y simpática, así como para provocar algunas carcajadas a medida que los hechos se van desencadenando. Buena parte del mérito lo tiene su reparto, desde su gloriosa protagonista hasta todo un grupo de secundarios como Carmen Flores y Pepa Aniorte que ejercen con buen timing su vis cómica. 

Mi querida cofradía

El humor blanco de Mi querida cofradía

El film ha sido dirigido por Marta Díaz, ex estudiante de la ESCAC y debutante en la realización con esta ópera prima ambientada en la Semana Santa malagueña. Por buscar símiles, es como si a La comunidad de Álex de la Iglesia se le extrajera toda la mala baba y la negrura de su humor más bestia, y se le añadieran unas gotitas del kitsch almodovariano, imbuidas de ese tipo de costumbrismo español que sólo estamos capacitados para entender -y disfrutar- los que somos de aquí. 

Ensalzar las virtudes de Mi querida cofradía equivale a resaltar sus flaquezas. Su humor es tan blanco que resulta incapaz de ofender a nadie -cosa que tiene mérito en un filme donde se tratan aspectos como el machismo o la tradición religiosa-. Pero también es cierto que el filme no consigue calar más allá de unos cuantos chistes que se aprovechan más de la comedia de situación que de los temas expuestos, de mayor enjundia y profundidad. 

Sin duda alguna, y a pesar de lo inofensivo de su exposición, Mi querida cofradía también funciona como una pequeña reivindicación feminista en que las mujeres reivindican su lugar, a la par que sus compañeros masculinos. Y es que, aunque sea de forma leve, el filme evidencia de forma clara la situación de desventaja del sexo femenino en algunos contextos de nuestra realidad. Esto, además de ser algo obviamente injusto, nos sitúa en aspectos de ahora tan retrógrados que nos hacen preguntarnos una vez más si la sociedad está evolucionando con la suficiente rapidez. Al menos, con películas como Mi querida cofradía, existe quien esgrime el humor -y unas cuantas torrijas- para tratar acelerar el proceso.

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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