‘Entrevista con el vampiro’ – el dilema de la inmortalidad

Entrevista con el vampiro

Leer Entrevista con el vampiro con casi treinta años me provoca una sensación agridulce: la de que ya no tengo la edad más indicada para disfrutar algunos materiales como antes. Si hubiera leído esta novela con 10 años menos me da la sensación que lo hubiera pasado mejor, aunque no lo sé con certeza.

Igualmente, no quiero desmerecer la novela de Anne Rice, aunque lo cierto es que mi reserva de paciencia escasea para algunos tipos de textos. En parte, puede que la culpa la tenga la saturación que ha sufrido este subgénero; la pobre Rice ni pincha ni corta en este aspecto, puesto que el libro fue escrito en 1973. También, puede que tenga algo que ver con que estas lecturas tan rebosantes de cavilaciones «emo» por causas ajenas a la corriente real de la vida me resultan algo cargantes.

Y como siempre, es cierto es que éste y otros pensamientos pecan por ser demasiado subjetivos y no quiero ser injusta con la novela. Así que trataré de centrarme en las virtudes de Entrevista con el vampiro, que tenerlas las tiene.

Las vicisitudes de ser un vampiro

Louis es un vampiro. Lleva décadas vagando por el mundo en esta condición y son muchos los pensamientos y las circunstancias de su vida que siguen torturando sus reflexiones.  Un día, decide contarle su encontronazo con la vida eterna y todas sus vicisitudes a un periodista. Éste, transcurre la novela embargado por el sentido de curiosidad pero también de terror ante la posibilidad de que Louis decida que es un bocado apetecible. Pero siempre gana la irremediable fascinación por todo lo que el vampiro le cuenta sobre su (no) vida.

Entrevista con el vampiro se centra, sobre todo, en el conflicto de Louis con su nueva existencia, lo que se contrapone a los diferentes personajes que vamos conociendo a lo largo de la novela. Es un hombre torturado por la idea de una vida eterna a la que no le encuentra el sentido ni el placer, sobre todo por el hecho de tener que matar para alimentarse. Su fortaleza le hace aguantar un tiempo alimentándose de pequeños animales, rebelándose ante su naturaleza.

Esta forma de actuar contrasta con Lestat, su creador y figura antagónica. Lestat vive para servir al hedonismo, sin privarse de lujos ni de matanzas. Es un hombre arrogante que disfruta exponiendo su experiencia y conocimiento ante un Louis pasivo y titubeante. En definitiva, es un ser feliz de exprimir este modo de vida sin ningún tipo de remordimientos o escrúpulos.

Entrevista con el vampiro

Fotograma de la película «Entrevista con el vampiro»

Ambos vampiros tienen una relación sumamente tormentosa pero están ligados el uno al otro ante la soledad de su especie; se necesitan, más incluso Lestat a Louis que a la inversa, y sus personalidades chocan constantemente en el contexto de una Nueva Orleans mística y abocada a los peligros de la noche, donde las vidas son cortas y los placeres, efímeros. Cuando todo parece estar a punto de venirse abajo, Louis sucumbe a la debilidad y termina convirtiendo a una niña, Claudia, en vampira.

Más allá de las dudas, temores y existencialismos de Louis, es Claudia la figura que me resulta más interesante a lo largo de toda la novela. Me hubiera gustado conocer su punto de vista acerca de su existencia, robada de forma prematura, y condenada a quedar convertida en una hermosa muñeca de porcelana a pesar de que, en su interior y con el paso de los años, se convierte en una mujer madura y totalmente insatisfecha. ¿De qué sirve vivir una vida eterna sin poder disfrutarla con los privilegios que aporta la edad?

Su odio, cada vez más vivo con el paso de los años, la culpa de Louis por sus actos y el desprecio de Lestat ante cualquier forma de vida, son sin duda el triángulo más interesante de Entrevista con el vampiro. Este interés que se diluye una vez Lestat es dejado fuera de combate y aparece en la ecuación Armand, más experto y grandilocuente, que se convierte en el espejo donde Louis refleja todos sus tormentos.

Sexo y muerte; la eterna metáfora vampírica

La presencia del sexo, jamás explícito pero siempre latente en los personajes, es otros de los puntos más interesantes de la novela. Louis se siente irremediablemente atraído por Claudia, a la que define en ocasiones como su hija, pero que claramente es mucho más que eso. También siente una atracción irresistible por Armand, la figura mentora que hubiera deseado de Lestat.

Existe una indudable corriente sexual en el acto de chupar la sangre, algo que no ha inventado Rice pero que plasma en su novela. La mitología del vampiro como figura sexual viene de lejos, pero Rice es una de las autoras que más ha aportado a esta visión donde la frontera entre el Eros y el Tánatos se diluye de forma obvia. Antes que Stephenie Meyer aportara su visión sumamente mojigata del mundo vampírico (con moraleja incluida sobre el sexo antes de la unión por la Iglesia), los vampiros comprendían la estimulante metáfora del sexo y la muerte. Anne Rice no se corta al dotar a sus personajes de una ambigüedad sexual al servicio de la renovación de la vida y del placer.

El pequeño mundo de Louis

En el lado menos estimulante de Entrevista con el vampiro colocaría el exceso de la visión de Louis y su limitada percepción del mundo. A pesar de sus enormes posibilidades, una narración queda algo enquistada en el modelo de entrevista -que, en determinados momentos, pierde el norte- así como en una pobre explotación de los personajes realmente interesantes, es decir Claudia y Lestat.

Y aunque Entrevista con el vampiro ya no es mi tipo de lectura -y encuentro mucho más apasionante su adaptación cinematográfica de la mano de Neil Jordan- sin duda es recomendable para todos los fans del subgénero que tengan ganas de obtener una visión más existencial y menos cruenta de un ser de la noche.

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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