The Room – ohai Tommy!

The room

Lo reconozco; cuando me dicen que una película es sumamente mala siento unas ganas irremediables de verla. Así que cuando me enteré que The Room era considerada como una de las mejores malas películas que se habían rodado en los últimos años fui a por ella, un fenómeno que me había pasado desapercibido demasiado tiempo y que era imposible de obviar con el eco de The Disaster Artist en el horizonte.

La cuestión es que Tommy Wiseau no me decepcionó; The Room es un gran WTF de principio a fin, aunque curiosamente entretenido y susceptible de nuevos visionados. Y es que dentro de ese aroma rancio, desconcertante y ¿definitivamente? anti-cinéfilo que rezuma en cada uno de los planos del film existe algo más: la capacidad de Tommy Wiseau (hombre orquesta: director, productor, guionista, actor principal de la cinta) por crear momentos verdaderamente memorables. Lo que hace que The Room se convierta en toda una paradoja es plantearnos la pregunta sobre qué debería ser el cine en realidad. Creo que no hay una respuesta correcta a esa pregunta, y productos como esta película lo reafirman.

The room

Mencionar los motivos por los cuales The Room es un mal film resultaría una especie de despliegue de pergamino interminable que choca con la absoluta seriedad con la que parece estar realizada la película.  Parte de su encanto radica en pensar que alguien tuvo la inocencia de considerar que esta pieza era potable a pesar de sus incongruencias y anti actuaciones. El desconcierto, seguido de la carcajada, son los estados naturales al ver The Room; no por algo su visionado se ha convertido en una especie de ritual para algunos, al estilo de Rocky Horror Picture Show, parafraseando las frases a coro en las sesiones golfas.  

En este film todo es posible: se puede hacer el amor en una postura de cópula cuanto menos peculiar -como penetrar a una mujer por el ombligo-, que la música cutre sea el afrodísiaco natural, que los intereses de los personajes sean reiterativamente ilógicos y que Johnny sea el mejor tipo del mundo con una novia algo bitch.

No sé si Tommy Wiseau es un completo desastre o un genio (ya lo dicen: la frontera entre la locura y la maestría es fina) pero la verdad es que me da igual. The Room viene para quedarse con sus «ohais» y sus pases de fútbol y a decirnos que el cine puede ser muchas cosas, desde una gran producción hasta una cinta indie, de un gran guión hasta una suerte de engendro que da vueltas sobre sí mismo. Wiseau quiso cumplir su sueño con esta producción y se convirtió en leyenda, quizás no de la manera esperada pero sin duda de una forma que quita algo de rigidez a ese estilizado palo que parece metérsenos a muchos a la hora de valorar el cine (me incluyo).

Siempre he defendido que rodar que una película, por mala que sea, es mucho más complicado que elaborar una crítica sobre ella, y quizás aunque sólo sea por mis breves experiencias en el audiovisual entiendo la complicación y la magia de desear algo por encima de todo. Así que, a la espera de la esperadísima The Disaster Artist de James Franco, es posible que me paseé por The Room de nuevo. Las risas siempre son bienvenidas.

Ficha The Room Filmaffinity

Trailer de The Room

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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