God help the girl – dios ayude al espectador

God help the girl

God help the girl – dios ayude al espectador

Decir “me gusta el cine indie” es una generalización tan grande que prácticamente no define ningún tipo de gusto en absoluto. Si bien es cierto que estas películas suelen compartir algunos rasgos que hacen que sea posible acogerlas bajo el mismo paraguas (presupuesto limitado, en su mayoría historias de personajes, etc.) la cantidad de propuestas lanzadas antes y después de que se acuñara el término es tan grande y variada que resulta desproporcionado apostar a ciegas por cada producción situada bajo esta etiqueta.

O puedes hacerlo y estrellarte cada x tiempo, como me pasó a mí con God help the girl. Debo decir que no es la primera vez que una producción de estas características me sorprende negativamente, pero esa ya es otra historia.

La cuestión es que siempre resulta engorroso que una película no te guste, pero aún lo es más cuando una en concreto reúne varios ingredientes que te atraen en suma manera (en este caso, Stuart Murdoch, líder de la banda escocesa Belle and Sebastian, y Emily Browning, una actriz magnética desaprovechada en películas que no atinan el tiro). Vamos, que el batacazo es mayor. Lo es porque piensas que algo bueno podía haber surgido de la obra en cuestión y que, por unas razones u otras, al final la propuesta ha quedado en agua de borrajas, al menos para ti.

Jugar con el buenrollismo es el riesgo que tiene, supongo. Bien llevado puede hacer que una película te deje con una increíble sensación de bienestar, incluso cuando todo lo que se explica en ella no es ni dulce ni complaciente (veáse el caso de (500) días juntos) pero, en cambio, si los ingredientes no están bien medidos, la receta fracasa y el plato va directo a la basura.

God help the girl

Entiendo lo que Murdoch quiso hacer con God help the girl, con sus canciones cantadas mirando a cámara y sus coreografías surgidas de la nada, pero a mí ni me caló ni consiguió conmoverme o que me sintiera identificada. Creo que hay una frontera muy delicada entre la maestría musical, aquella que, por ejemplo, puede salir de la cotidianidad, y entre lo insulso; también lo es la frontera que divide la extravagancia y el carisma del sinsentido y del absurdo (no el del tipo Monty Python, que estaría bien, sino de aquel que resulta cargante y aburrido).

Las canciones de Eve relatando su día a día me parecen soporíferas, lo cual me resulta extraño, porque realmente disfruto de la música de Belle and Sebastian. La banda consigue que lo amargo se deslice suavemente como la miel, creando tonadas repletas de buenas intenciones que dejan un ligero regusto a hiel. Aquí sólo veo personajes que no me importan, que no paran de cantar y cuyas canciones me importan tan poco como ellos mismos.

Lo único que destacaría es, una vez más, la presencia de Emily Browning, una actriz que, repito, me parece muy desaprovechada en producciones “casi pero no” como Sleeping beauty,  Sucker Punch o ésta misma. También ha resultado atractivo el diseño de producción y de vestuario de algunas de las ensoñaciones de los protagonistas, pero hasta ahí.

Me duele que una película donde la música sea tan importante como en God help the girl sea tan sumamente olvidable para mí.

Ficha de God help the girl en Filmaffinity

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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