Ghostland – espíritus quebrados

Ghostland

Lo que me más gusta del Festival de Sitges es ir encontrando diferentes variantes del cine fantástico. Desde las cintas que van del más puro divertimento hasta las que llegan a las cotas de terror extremo. Más cerca de esta última variante encontraríamos la última producción de Pascal Laugier, quien ya nos aterrorizó con Martyrs y que vuelve para devolvernos a nuevas historia de pesadilla con la tensa Ghostland.

El terror vive en casa

Beth (Emilia Jones) y Vera (Taylor Hickson) son dos hermanas que viajan con su madre (Mylène Farmer) camino de instalarse en una antigua casa que les ha quedado como herencia. Pronto, su nuevo hogar se convertirá en un escenario de terror que dejará secuelas inimaginables para todas ellas.

Ghostland es una cinta que trata de jugar al despiste en su tramo inicial, con un giro que se revela aproximadamente a mitad de metraje. Este factor sorpresa puede resultar más o menos efectivo -en mi caso, no me la coló- pero en ningún caso creo que reste valor a una propuesta que sabe mantenerse firme en su definición del miedo. Es curioso que muchos de los recursos utilizados en la cinta han sido mil veces vistos en producciones de este tipo, pero en Ghostland adquieren una dimensión muy malsana y completamente acertada que sienta muy bien a la película.

Ghostland

Y es que el terror de Ghostland es tan vívido que se siente en carne propia. Hay que aplaudir la excelente introducción de la película, así como el desarrollo psicológico de sus personajes ante la pesadilla que están obligadas a vivir. Sin unas interpretaciones tan convincentes como las de las actrices sería difícil desligarse de esa capa más superficial del horror basada en tétricas muñecas de porcelana y caserones antiguos.

Muñecas rotas

Afortunadamente, Ghostland es una propuesta que funciona y sabe sacar jugo de la situación presentada. El film es tenso y contiene una violencia que se siente en carne propia gracias a la empatía generada. Los aspectos que me parecerían poco coherentes -más allá de sus villanos y motivaciones, planos y prototípicos- ganan lógica con el revés de los acontecimientos, a diferencia de lo que suele suceder en otras propuestas de género.

Echaría en falta un menor uso del deus ex maquina, una lacra para cientos de cintas que siempre me supone un golpe de gracia amargo. El oportunismo del momento justo es algo que consigue hacerme poner los ojos en blanco, a pesar que debe ser uno de los recursos más empleados, más si cabe en cintas de terror.

A pesar de esto, para mí Ghostland es un sí rotundo gracias a su ambientación, sus actrices y la desnudez emocional que desata en ellas la irrupción del mal en sus vidas. Menos morbosa que Martyrs -cosa que agradezco- pero con la suficiente malicia como para no dejar indiferentes a los espectadores más exigentes.

PD: Hubo un momento de la cinta, al ver al personaje de Vera vestida de muñeca y con muchísimo maquillaje, que me acordé inevitablemente de Bette Davis en ¿Qué fue de Baby Jane?. Por cierto, la actriz Taylor Hickson acabó con 70 puntos de sutura al atravesar una de las pantallas de vidrio durante el rodaje.

Ficha Ghostland Filmaffinity

Trailer Ghostland

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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