‘The Lighthouse’ – la luz de la locura

El faro
El faro

El cuarto día en el Festival de Sitges tuvo como protagonista la nueva cinta de Robert Eggers, The Lighthouse (El faro). Tras haber dirigido La bruja, una de las propuestas de cine de terror más estimulantes de los últimos años, la expectación por este filme era muy elevada. Y aunque la división de opiniones ha quedado patente desde buen inicio, lo cierto es que esta película con aroma a mar y a tormenta lo pone muy difícil para caer en el olvido.

Érase una vez, en un viejo faro…

Finales del siglo XIX. Ephraim Winslow (Robert Pattinson) es un joven farero destinado durante cuatro semanas a una isla de Nueva Inglaterra. Su superior (Willem Dafoe) es un hombre experimentado, brusco y dictatorial durante el día, afable cuando cae la noche y se da a la bebida. Entre ambos hombres se establecerá una compleja relación rebosantes de tensiones, en un contexto de mar y salitre donde las ensoñaciones son más vívidas de lo que debería.

Primero de todo: The Lighthouse no tiene nada que ver con La bruja. Y aunque ningún realizador tiene la obligación de cumplir las expectativas de la audiencia, desde luego, realizar una producción tan distinta -y mucho más exigente- es una excelente manera de provocar desconcierto y admiración a partes iguales. The Lighthouse no es sólo que se desligue de su predecesora, sino que además bordea con elegancia las expectativas de cualquier espectador que se enfrente a la obra con ideas preconcebidas.

Los ingredientes de la cinta de Eggers son, desde luego, potentes: un entorno desolado e inhóspito, dos actores de renombre en un duelo interpretativo y una atrayente fotografía en blanco y negro. Son muchos los enfoques que un realizador puede elegir a la hora de encarrilar tal material, y desde luego Eggers no ha tomado la vía sencilla. The Lighthouse no se centra en explicar propiamente una historia, sino que opta por plasmar un descenso a la locura en formato 4:3.

Willem Dafoe The Lighthouse

The Lighthouse: estética e influencias

Desde los primeros planos de la película, nos encontramos ante una obra fantásticamente concebida a nivel visual. Los encuadres exprimen el formato 4:3 y la fotografía en blanco y negro aporta una belleza expresionista, plagada de luces y sombras. La iluminación juega un papel determinante a la hora de retratar la dualidad de los personajes, tanto en su propia personalidad como en sus oscilantes encontronazos plagados de batallas dialécticas.

El entorno en el que The Lighthouse se desarrolla trae múltiples reminiscencias: cinematográficas, literarias, pictóricas e, incluso, mitológicas. Respecto a este último punto, tan sólo es necesario recordar el plano final del filme y echar memoria sobre los mitos de la antigua Grecia. Se ha hablado de Dreyer, del expresionismo alemán, de literatura marinera y lovecraftiana. Y aun así, la sensación tras ver la película es la de haber contemplado algo totalmente original.

Robert Pattinson The Lighthouse

Cuando estalla la tormenta

El duelo interpretativo servido por Robert Pattinson y Willem Dafoe es, sencillamente, hipnótico. Ha sido especialmente delicioso comprobar cómo Pattinson ha ido creciendo como intérprete a través de los años. En The Lighthouse no se limita a salir indemne de su combate contra el personaje de Dafoe -maravilloso, por otra parte-, sino que consigue brillar con luz propia ofreciendo un gran recital interpretativo.

Si bien La bruja se centraba en plasmar dicho arquetipo femenino en un contexto plagado de supersticiones, en El faro tenemos a dos hombres en una constante lucha de poder. Sacado de las propias declaraciones de Eggers, <<nada bueno puede ocurrir cuando dos hombres se quedan solos en un falo gigante>>. Si a ello le agregamos una atmósfera enmarcada por la furia de los elementos y lo enigmático de las leyendas y supersticiones de alta mar, obtenemos un relato fascinante en el que lo importante es dejarse llevar por los estímulos que brinda y no tanto en tratar de desentrañar o comprender los misterios que se sugieren. 

“El sueño de la razón produce monstruos”, y en The Lighthouse estos planean como un mal presagio, o surgen de las entrañas de la tierra como tentáculos ávidos de deseo y muerte. Un fascinante relato de personalidades enfrentadas, donde los instintos se ven azuzados por la soledad, así como por los terrores y deseos sumergidos en el subconsciente

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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