[artículo publicado originalmente en Butaca y butacón]

Algo puede removerse en el interior al escuchar el garabateo de una Mary Shelley con los rasgos de Elle Fanning. Quien tiene el gusanillo de la escritura sabe que es una sensación poderosa, y que ese constante rasgueo sobre el papel tiene algo de seductor. Es posible que ésa sea la razón por la que hubiera deseado que el film de Haifaa Al-Mansour se adentrara algo más en las -a menudo- inescrutables sendas de la creación literaria en vez de virar con tanta facilidad hacia el menage a trois narrativo. Mary y su pobreza, Mary y su dolor y, sobre todo, Mary y su turbulento amor por Percy.

Creando a Frankenstein

Aunque la película tome el nombre de su célebre protagonista, lo cierto es que Mary Shelley no llega a existir como tal hasta el final mismo de la cinta, algo que no constituye por sí solo un spoiler. Durante gran parte del metraje conocemos a Mary Wollstonecraft Goldwin, una joven con evidentes inquietudes por la escritura y, también, con otros anhelos aún más claros de libertad y evitar quedar enclaustrada entre las paredes de su hogar. A partir de su viaje a Escocia y de conocer a Percy Bysshe Shelley, acompañamos a Mary su viaje vital a través del cual observamos la evolución que terminaría permitiendo la creación de su obra de fama mundial.

De la misma manera que resulta todo un reto evocar sentimientos a través de la palabra escrita, también resulta difícil lograr que las imágenes exuden algo más que un mero proceso y no se hallen exentas de esa magia que hace posible la genialidad. Es curioso, porque de alguna manera Mary Shelley sí que consigue una verosimilitud -o, como mínimo, una credibilidad, que nos permite creer en esta encarnación de la autora de Frankenstein.

‘Mary Shelley’: solitaria genialidad

Buena parte del mérito radica en la talentosa Elle Fanning, capaz de interpretar con intensidad a una mujer de espíritu fuerte y de sentimientos a flor de piel. En ella recaen la herencia de su madre difunta, un espíritu libre y transgresor, y las lecciones que la vida se encargaría de impartirle a temprana edad. Todo ello fue más que suficiente -ligado, obviamente, a su talento con la pluma- para que la soledad y el sentimiento de abandono funcionaran como el caldo de cultivo óptimo para dar vida a Frankenstein y a su Prometeo moderno. 

Sin duda Fanning es el alma de esta obra, concebida de forma sensible y clásica, algo carente de las marcas de autor que dotan personalidad a una obra pero en cuya ejecución obtenemos la necesaria dosis de autenticidad sobre las pasiones humanas. Suficiente para sentir el chispazo que hace que una obra permanezca, al menos, una temporada en la cabeza.

Ficha Mary Shelley Filmaffinity

Trailer Mary Shelley

Publicado por Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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