[esta crítica fue publicada originalmente en Butaca y Butacón]

En ‘Ingrid goes west’ tenemos a Ingrid (Aubrey Plaza), una joven recién salida de una institución psiquiátrica que está totalmente enganchada a Instagram. Cuando empieza a obsesionarse con Taylor Sloane (Elizabeth Olsen), una it girl e influencer de California con una vida aparentemente modélica, Ingrid decide trasladarse allí y hacer todo lo posible por entablar amistad con ella. Pero las cosas no le saldrán exactamente de la manera esperada… 

Adicción a las redes sociales 

¿Eres de esas (muchas) personas revisan constantemente el móvil por si tienen notificaciones? ¿Adicto/a a Instagram? ¿Obsesionado/a con los followers y los likes? Es posible que estas frases te traigan algún leve flash de tu vida diaria. También puede que te haga pensar con el ‘Caída en picado‘ de Black Mirror, que profundizaba en la idea de un mundo tomado por las puntuaciones sociales. En el caso de ‘Ingrid Goes West’, nos alejamos de las distopías para centrarnos en una clase de realidad rabiosamente actual que, como espectadores, nos sitúa en la frontera entre lo cómico y lo embarazosamente identificativo

Jugar a encontrar el mensaje de ‘Ingrid Goes West’ resulta tamaña obviedad que hasta su mera mención resulta prescindible y reiterativo. Antes incluso de visionar la cinta ya conocemos la moraleja intrínseca que se nos va a transmitir: 1. dependemos demasiado de las redes sociales, 2. estamos realmente enganchados y 3. lo doliente que resulta reflexionar sobre la pobre representación de la realidad latente entre tanta perfección y felicidad idílica

Ingrid goes west y la reflexión sobre el panorama actual

Para qué negarlo; las fotografías suelen capturar las sonrisas, rara veces los llantos. Los reportajes fotográficos implican momentos felices para el recuerdo, pero nadie quiere verse retratado en los peores instantes de la vida. Las redes sociales implican un escaparate tamizado de la realidad y las miserias personales no suelen tener cabida, a menos que funcionen como revulsivos o respondan a impulsos artísticos. Y sin embargo es fácil caer en el engaño y comparar nuestras “pobres existencias” con la exuberancia ajena. 

En ‘Ingrid Goes West’ hallamos todo eso, pero aun así su visionado no resulta excesivamente aleccionador sino bastante disfrutable. De la mano de Ingrid, no aprenderemos nada que no sepamos ya; otra cosa es que decidamos hacer lectura de conciencia a partir de su visionado. Aubrey Plaza ofrece una interpretación carismática y un espejo en el que observar, con cierto sonrojo, algunas de nuestras conductas.

Si a ello le sumamos el encanto de los escenarios californianos, la siempre bienvenida presencia de Elizabeth Olson y, por qué no, la divertida identificación con el absurdo de nuestros goals sociales, veremos en Ingrid goes west una película a la que darle like sin titubear.   

Ficha Ingrid goes west Filmaffinity

Trailer Ingrid goes west

Publicado por Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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