A partir de nuestro segundo día de aventuras por Italia decidimos que si queríamos sobrevivir al viaje, más nos valía realizar una pequeña pausa en el hotel durante las horas de más calor. Fue una medida sabia, ya que el plan de la mañana consistía en visitar el Coliseo y el Foro Palatino, mientras que la tarde la reservamos para visitar algunas de las plazas más bonitas de la ciudad. Ésta la crónica de nuestro segundo día en Roma.

Coliseo romano

De la misma manera que resulta chocante encontrarte por primera vez frente a la Torre Eiffel de París o acercarte al Big Ben de Londres, el Coliseo (Anfiteatro Flavio) resulta todo un shock para el viajante que realiza su primera visita a Roma. Me atrevería a decir que el impacto es mayor: el colosal monumento data del 70 d.C., lo que lo convierte en una auténtica reliquia de la historia de nuestros antepasados a la vista de cualquiera que pasee por Roma.

Llegar con metro es muy sencillo (parada Coliseo, a pocos minutos de la Vía Cavour) y, superado el primer impacto, nos dispusimos a realizar la pequeña cola de entrada que da acceso a los usuarios del Roma Pass. Antes de entrar propiamente en el recinto es necesario pasar un control de seguridad similar a los del aeropuerto.

El Coliseo impacta, de eso no cabe duda. Hace años tuve la suerte de poder visitar el anfiteatro de El Djem, en Túnez, también sumamente espectacular, pero el Coliseo romano goza de una mitología particular (¿cuántas películas e historias sobre la Roma antigua hemos visto y escuchado?). Su visión desde el interior, con los diferentes niveles y las fosas al descubierto, resulta una visita imprescindible e inolvidable si se visita la capital romana.

A diferencia de lo que hicimos nosotros, os recomiendo madrugar un poco y disfrutar del Coliseo en horas de menos calor. Aun así, el recorrido por el lugar no tiene desperdicio alguno; si queréis subir al nivel superior deberéis contratar visitas de grupo organizadas, como la que te permite entrar en la Puerta del Gladiador. Nosotros íbamos por libre y con una audioguía que habíamos comprado previamente, pero nos quedamos con las ganas de acceder a las zonas vetadas para el resto de visitantes; queda pendiente para nuestro próximo viaje a Roma.

Foro romano

La entrada al Coliseum incluye la entrada al Foro romano y al Palatino. Debo decir que nosotros optamos por ir a descansar tras la visita al Foro romano, que es enorme, ya que el sol estaba haciendo estragos en nuestros cuerpos a pesar de ir embadurnados en crema solar. Por cierto, en Roma no necesitáis comprar agua; basta con llevar una botella vacía e irla rellenando en alguna de las muchísimas fuentes de agua fresca que hay repartidas por la ciudad, algo que se agradece enormemente.

De nuevo recomiendo que si podéis evitar visitar el Foro a pleno sol disfrutaréis más de la visita; la explanada tiene muchos puntos de interés donde merece la pena detenerse y escuchar una audioguía (o a un guía especializado). También es muy recomendable enfilar las escaleras y ver las vistas del Foro desde la parte superior, desde donde también se puede divisar el Monumento que habíamos visitado el día anterior.

Piazza Spagna, Piazza del Popolo y Vía del Corso

Por la tarde, con una temperatura mucho más agradable, cogimos el metro desde Termini para dirigirnos a Barberini, en cuya plaza se puede contemplar la Fuente del Tritón.

Desde allí se puede realizar un paseo que incluye la preciosa escalinata de Piazza Spagna y, más adelante, una de las calles comerciales que llevan hasta la Piazza del Popolo. Dichas calles contrastan muchísimo con la Roma donde nos alojábamos; fachadas bien cuidadas, calles más limpias y comercios repletos de grandes marcas y firmas de prestigio.

Nuestro paseo desembocó en la Piazza del Popolo con las primeras luces del atardecer. En esta zona se encuentra la basílica de Santa María del Popolo, a la que no llegamos a acceder pero que es muy recomendable por las obras de su interior (de Bernini, Caravaggio, Rafael…). En la plaza se pueden ver las dos iglesias gemelas de Santa María in Montesano y Santa María dei Miracolli, así como también un obelisco egipcio en el centro de la piazza. Después decidimos subir a Pincio, a pocos minutos de allí, desde donde se pueden contemplar unas bellas vistas de la ciudad.

Tras el descenso escogimos la Vía del Corso para regresar a Piazza Venezia y, aunque sea posible que no te apetezca dejarte el salario en Chanel o Tifanny’s, el paseo por esta calle se hace muy ameno. Aunque fuimos a Roma con la idea de caminar bastante, el transporte público resulta bastante escaso en algunas zonas; esto se entiende en el caso del metro, dada la cantidad de puntos arqueológicos de la ciudad, pero no tanto con la escasez de tranvías o autobuses.

Deambulando por Roma de noche

La última etapa del día la dedicamos a pasear un poco más para obtener una visión diferente: la de la Roma nocturna. Siempre me ha gustado retratar las ciudades de noche, y lo cierto es que la capital italiana se presta estupendamente a la tarea. Os dejo algunas imágenes de la ciudad de noche, donde las luces toman el protagonismo y la estampa se vuelve aún más romántica si cabe. 

Proximidades Fontana di Trevi

 

Columna de Trajano

 

Un Coliseo nocturno

 

Al día siguiente nos esperaban nada más y nada menos que el Museo Vaticano y el maravilloso barrio de Trastévere: pincha en el siguiente enlace para seguir con nuestras aventuras en Roma.

 

Publicado por Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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