Agosto de 2018. Una semana en Italia. Suena a idea un poco demencial, ¿verdad? El país de la bota es conocido por albergar unas bonitas temperaturas durante los meses de verano, aunque viniendo de la ola de calor que sufríamos en Barcelona, Italia resultó casi agradable en cuanto a la canícula. Tras nuestra viaje a Milán de 2017 (una visita exprés) nos quedamos con ganas de saborear más de este país, de modo que aquí va la crónica de nuestra ruta por Italia. Andiamo!

PD: en el post del último día incluiré una serie de puntos generales a tener en cuenta a la hora de viajar a Italia.

Llegada a Roma

Cuatro de la mañana. A una hora en la que aún no están puestas las calles, nosotros nos levantamos y nos pusimos en marcha. Un café y un Aerobús después nos plantamos en el aeropuerto del Prat; llegamos al aeropuerto de Fiumicino en torno a las 9 de la mañana. La pronta llegada se vio algo empañada debido a que autobús de Terravisión -nuestro transporte a Roma Termini- tardó 40 minutos más de lo debido en llegar. De forma general, a lo largo de todo el viaje, descubrimos que los horarios de los autobuses en Italia son una cosa algo «random»; es bueno tenerlo en cuenta para no sufrir disgustos. Y el autobús desde Fiumicino es la manera más económica de llegar al centro de Roma. 

Antes de eso, habíamos pasado a recoger los Roma Pass 72 horas en el punto de información del aeropuerto. Estas tarjetas son muy útiles, ya que por 38.50€ te permiten tener un bono de transporte válido para metro/bus/tranvía a lo largo de tres días, además del acceso a dos atracciones de las incluidas en una larga lista.

Durante el corto viaje a Roma Termini, apreciamos algunos pequeños detalles: los paisajes estaban realmente verdes para ser pleno agosto, los italianos conducen “de esa manera” y no sólo los edificios de la periferia se caían a pedazos. En Roma, descubrimos que las fachadas de buena parte de los edificios de la zona histórica necesitaban una buena chapa y pintura, lo cual sumado al aspecto general descuidado de la ciudad es… algo pintoresco (aunque también un caramelo para alguien con una Nikon en ristre).

En Roma Termini

Tras llegar a Roma Termini, nuestras primera parada fue vía Cavour, donde realizamos el check in en el hotelito que habíamos reservado, el Roma Rooms Colosseum. En realidad era un piso con cuatro habitaciones dispuestas para los huéspedes; no tenemos queja ya que estaba limpio y nadie nos molestó durante nuestra estancia (a excepción de la pareja de italianos de la habitación contigua que decidieron ponerse a discutir a gritos en nuestra última noche).

Ahora sí, desembarazados de nuestros equipajes, cámara y mapa en mano, nos dispusimos a patear buena parte del área que teníamos más cerca.  

En busca de la Fontana di Trevi

Ya he comentado que el aspecto de Roma es, en general, algo decadente. Eso no quita que los callejones estén repletos de encanto y de curiosidades a la vista, algo que descubrimos a medida que caminábamos hacia la famosa Fontana di Trevi (con parada para comer pizza al taglio incluida).

Lo cierto es que las distancias a la hora de caminar eran algo más grandes de lo que el mapa sugería. Nuestra experiencia previa pateando capitales europeas nos había acostumbrado mal: en Berlín, por ejemplo, la mayor parte de los puntos de interés están muy juntos unos de otros. El Roma Pass no lo activaríamos hasta el día siguiente para tener los 3 días completos con las atracciones… de manera que nos abstuvimos de usar transporte público.

La famosa fuente en la que Anita Eckberg se bañaba en plena noche en ‘La dolce vita’ de Fellini estaba repleta de gente, escena que se repitió cada una de las múltiples veces que la visitamos a diferentes horas del día. Aun así, es inevitable sucumbir al encanto de esta romántica visión encajonada entre varias calles, más aún con el sofocante calor de la jornada.

Llegamos a la fuente tras bajar una escalinata desde una plaza -de la que no recuerdo su nombre pero que tenía buenas vistas- y logramos tomar algunas fotografías… y lanzar unas monedas pidiendo un deseo, como indica la tradición.

Fontana di Trevi

Pantheon y calles adyacentes

Una de las visiones más impactantes que me llevo de Roma es la de entrar en el Panteón y observar su cúpula infinita. La entrada es gratuita, aunque puedes adquirir una audioguía a muy buen precio, y no tiene desperdicio saber algo más sobre la arquitectura de este lugar. Podríamos decir que, para dar un buen paseo de “principiante” por Roma, la zona que va de Piazza Venezia hasta Campo di Fiore resulta muy interesante, con puntos de interés como el propio Panteón, la iglesia del Gesú o la Piazza Navona. Aunque tiréis de mapa para situaros, lo mejor es perderse por estas calles y su adoquinado (llevad buen calzado o lo sufriréis) e irse topando con todas las maravillas que la ciudad ofrece a su paso.

Panteón

 

Panteón

 

Piazza Navona

 

Rincones con encanto de Roma

Campo di fiore

Campo di fiori es una zona muy agradable por la que pasear y para tomar algo o cenar. Algo que nos sorprendió mucho es que, al margen de los precios bastante altos de Roma (al menos en sus puntos turísticos y en los barrios circundantes, lo que alcanza un radio bastante amplio) fue el precio de la cerveza. Nada de cañas o medianas a un par de euros como es habitual encontrar en otros lugares; fácilmente te podían cobrar unos 5€ por una birra de 33 cl.

Campo di fiori

Con suerte se pueden hallar algunos lugares más asequibles donde el tamaño de la birra sube a los 60 cl por el mismo precio o un euro más. La cerveza que más nos gustó fue la Birra Moretti, aunque la Peroni no está mal; sin embargo, nuestra favorita sigue siendo la Becks alemana (ay, Berlín, bella ciudad donde es más barato beber cerveza que agua). Volviendo al Campo di Fiore, es interesante venir a esta zona cuando hay mercadillo o durante la happy hour, que dura toda la tarde y en la que resulta más asequible tomar algo con un aperitivo.

Río Tíber

Decir que vas a dar una vuelta a lo largo del río no es tan sencillo como parece. Lo cierto es que esta masa de agua recorre bastantes zonas por las cuales no hay “nada” relevante, por lo que merece la pena seleccionar bien los tramos. Los más recomendables son los que van desde el Castillo Sant’Angelo, el puente Umberto I (desde donde se obtiene una bonita panorámica) y toda la zona del río que sube desde Trastévere y la Isola Tiberiana (esta zona la recorreríamos en profundidad los próximos días); por la noche, es muy agradable recorrer la ribera del río y visitar los chiringuitos y los puestos abiertos al público.

Piazza Venezia

En esta plaza se puede ver el colosal monumento a Vittorio Emanuele II (Altare della Patria), al cual se puede subir a través de la escalinata. Desde el patio que queda en lo alto (no arriba del todo, cuyo ascenso debes pagar) se puede divisar la ciudad y una de las particularidades de Roma: su tráfico “peculiar” y caótico, que supone un verdadero peligro para aquellos que no vayan alerta. No solamente en las grandes vías, sino también en los callejones, es habitual encontrar coches y motos que se desplazan a una velocidad poco recomendable… Como peatón debes tener una actitud decidida a la hora de cruzar, o si no los coches no te cederán jamás el paso.

Piazza Venezia

 

Monumento a Víctor Manuel II

 

Vistas desde Monumento a Víctor Manuel II

 

Vistas desde Monumento a Víctor Manuel II

Estos fueron algunos de los puntos clave que visitamos en nuestro primer día en Roma. Para descubrir qué vimos en nuestra segunda jornada italiana, visita el siguiente post.

Publicado por Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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