Bremen en un día

Tras haber visitado Colonia, Bonn y Münster toca hablaros de la siguiente parada de nuestra ruta por Alemania: Bremen, una ciudad de cuento repleta de rincones muy interesantes a la que merece la pena dedicarle al menos un día. 

Abandonamos Münster tras un buen desayuno en una cafetería cercana al hotel. En coche, el recorrido hasta Bremen nos llevó casi dos horas. Durante el trayecto, aproveché para releer uno de los cuentos infantiles que me acompañó durante la niñez, Los músicos de Bremen, fábula que, como podréis imaginar, está ambientada en la ciudad a la que nos dirigíamos. Lo que para mí tenía un peso simplemente anecdótico resultó tener mucha presencia cultural en Bremen, algo que por falta de información previa desconocía totalmente. 

Río Weser

Molino de Bremen

Aparcamos el coche en el área cercana al río Weser y emprendimos la ruta hacia nuestro primer destino: el Molino de Bremen. La construcción se encuentra en las cercanías de un agradable parque y está rodeada por un jardín de flores cuidado con mucho mimo. De hecho, cuando nos acercamos para tomar algunas fotografías, había varios jardineros dedicados a la tarea de conservar las flores. 

Sögestrasse y Markplatz

Tras la estampa bucólica del molino, nos dirigimos a la popular y céntrica Calle de las Cerdas (Sögestrasse), cuyas estatuas distinguimos a duras penas debido a un nutrido grupo de turistas concentrados en la zona. El nombre de la calle tiene su origen en honor al antiguo recorrido que emprendían estos animales cuando eran conducidos a la Estación Central durante la época medieval.

La calle, comercial y concurrida, desemboca en la maravillosa Markplatz, uno de los lugares imprescindibles que ver en Bremen. En este punto del paseo era totalmente incapaz de dirigir la mirada a un solo punto. La Plaza del Mercado de Bremen me pareció una de las plazas más hermosas que he visto en cualquiera de mis viajes por Europa, incluyendo las celebrísimas plazas belgas que pudimos contemplar en nuestro último viaje por Bruselas y Brujas. 

A la izquierda de la plaza se encuentra la estatua de los famosos músicos de Bremen, rodeada por una buena cantidad de turistas listos para tomarse algunas fotografías y tocarle las patas doradas al burro -al tiempo que se pide un deseo-. La figura del burro, el perro, el gato y el gallo apilados unos encima de otros es tradicional en la ciudad y se puede contemplar en muchos lugares de Bremen. 

Aún seguimos un rato más contemplando la belleza arquitectónica de Markplatz, observando en detalle la famosa estatua de Roland de Bremen y también aprovechando para entrar en la Catedral de San Pedro (Dom St. Petri). 

Calle Böttcher

Ahora sí, abandonamos Markplatz para adentrarnos en una de las calles imprescindibles de Bremen. Encontrarla no tiene pérdida; desde lejos es posible vislumbrar el destello dorado del relieve de dragón que da la bienvenida al callejón. Es San Jorge luchando contra el dragón, una imagen que en Cataluña nos resulta más que familiar.

La calle Böttcher (Böttchestrasse) implica sumergirse en un mundo totalmente ajeno a la modernidad. Los estrechos pasadizos y los balcones harán que paséis con la mirada vuelta hacia arriba, hasta toparos con Patio del Carrillón de Bremen.

Aquí es posible esperar a que las numerosas campanas de porcelana se pongan en marcha (a las 12h, a las 15h y a las 18h), pero eso es algo que nosotros no habíamos previsto, de modo que salimos al exterior del callejón para encontrarnos con una postal muy distinta. 

Barrio de Schnoor

A pesar de que nuestra idea era llegar a Hamburgo ese mismo día, decidimos dedicar un poco más de tiempo a Bremen, sorprendidos por la gran cantidad de rincones con encanto que ofrecía la ciudad. Nos dirigimos al barrio de Schnoor, una zona de la ciudad antigua que no debéis perderos.  

El encanto de los pequeños locales de artesanía, de los callejones estrechos y del empedrado hacen de nuevo posible la sensación de hallarnos en una época distinta. Schnoor es un barrio para disfrutarlo con calma, fijándote en los detalles y perdiéndote por entre las callejuelas. 

Tras dar un buen paseo por Schnoor nos encaminamos dirección al coche, no sin antes tomar un buen café para enfrentar el último tramo del día: otra hora y media de recorrido hasta Hamburgo.

Curiosidad: junto al río, cerca de donde habíamos aparcado el coche, nos encontramos un bar llamado Bar Celona. Siendo nosotros de allí nos pareció una simpática coincidencia, y aunque los precios dentro no son excesivamente baratos, la medida del café con leche (¡un tazón gigante!) justificó razonablemente el coste.

En el próximo post podréis leer la que fue la última parada de nuestro viaje: un día y medio por Hamburgo en el que nos dio tiempo a visitar una gran cantidad de puntos turísticos de la ciudad muy recomendables. 

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

4 Respuestas

  1. Todavía no hemos estado en Bremen pero ya te digo que me parece un artículo súper útil ya que cuando viajas y tienes uno o dos días para descubrir una ciudad este tipo de artículos son ideales. Me lo apunto para cuando pasemos por allí.

    CocinadeEmergencia!

  2. Hola. Tenemos pensamiento de hacer un viaje a Alemania el año que viene (no conocemos el país) y nos va a venir fabuloso este post para irlo planeando.
    Igual Bremen no es una de las ciudades más visitadas (quizás estemos equivocados), pero una vez comencemos realmente a preparar el viaje, seguro que se nos acumulan las ciudades que ver y así tenemos una referencia de primera mano.
    Saludos.

    • Me alegra mucho que el post os sirva de utilidad 🙂 La verdad es que Bremen no es de las ciudades más visitadas, pero tras haberlo visto me parece una parada imprescindible si os encontráis cerca de Hamburgo :). ¡Un saludo!

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