No acabo de comprender muy bien por qué a menudo disfrutamos de aquellas novelas (y películas, y canciones, y lo que se nos presente…) que nos producen tristeza y dolor. Quizás sea esa la razón por la que adoro tanto las narraciones de Kazuo Ishiguro, uno de esos escritores que sabe asestarte golpes en el corazón, de aquellos que permanecen en el tiempo. Estoy segura, aun así, de que ésta no es la única razón: su prosa sencilla y elegante con pinceladas poéticas, sus personajes fríos que esconden turbulentos mares de emoción y sentimiento, sus narraciones en primera persona que sólo nos dejan intuir el cuadro completo… El gigante enterrado constituye una nueva muestra del elegante dominio que Ishiguro ejerce sobre su prosa, y lo hace en una narración ambientada hace muchos años, cuando las leyendas artúricas eran historia reciente y cuando en las almas había cabida para miedos míticos.

Axl y Beatrice son una pareja de ancianos que vive inmersa, como el resto de la población, en una extraña neblina que tiene consecuencias en la memoria. Ambos deciden un día ir a visitar a su hijo a una aldea cercana, de modo que emprenden un viaje que les llevará a conocer a todo tipo de personajes a través de tierras amenazadas por criaturas y, sobre todo, a enfrentarse a sus miedos.

Para alguien que ya está avezado a las novelas de Ishiguro, El gigante enterrado no albergará grandes sorpresas, sino una creciente sospecha que no ha de sino confirmarse a medida que nos adentramos en su desenlace. Igual que en Nunca me abandones o en Los restos del día, el escritor japonés tiene tendencia a incluir giros narrativos en sus novelas que, lejos de procurar producir golpes de efecto, inciden en ese sentimiento melancólico que tan bien el autor sabe tejer en sus historias.

El gigante enterrado juega con muchos elementos distintos, incluidos los flirteos con la novela de fantasía, pero el tema que sirve como eje de la historia es el entrañable amor que se procesan sus protagonistas, ambos en la senectud y con toda una vida a sus espaldas, aún con suficiente energía como para reinvindicar su devoción mutua, de expresar sus inquietudes y de luchar por sus deseos. Son los detalles, como la ternura con la que Beatrice hace pequeños reproches a su marido o la manera de éste de responderle con sus ‘princesa’ lo más conmovedor y también, curiosamente, el elemento más irreal de la historia para aquellos que vivimos sumergidos en una época donde los amores parecen tan fugaces y sin dejar huella. Para todos aquellos que hayan soñado con el tipo de amor que envejece con los años y que se mantiene joven de alma, El gigante enterrado les hará esbozar una sonrisa.

Quizás, de todas las novelas que he leído de Ishiguro, ésta es que he encontrado algo más irregular, quizás debido a la división de puntos de vista, algunos menos interesantes que otros, y cuya belleza y lírica se extravía en asuntos caballerescos tan desapegados del lector como si se hallaran inmersos en la espesa niebla que cubre a los personajes de la narración. A pesar de ello, es una lectura recomendada para todos los que busquen una literatura delicada que, además de esforzarse en explicar una historia, no deja de lado los asuntos que nos mueven como seres humanos.

Ficha El gigante enterrado OhLibro

Publicado por Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata. Ver más entradas

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