Mandy – descenso a los infiernos

Mandy

Creo que hay dos maneras de vivir la experiencia -entiéndase como «experiencia» cualquier film que no me deja indiferente- que supone ver una película como Mandy, uno de los anunciados «despiporres» de esta última edición del Festival de Sitges. Una, desde la visión de alguien acostumbrado a los desvaríos cinematográficos (lo digo de una manera totalmente no peyorativa), a quien no se le caen los anillos por apuestas arriesgadas o que experimenten con los recursos que ofrece un medio tan rico como el fílmico. La otra visión sería la del usuario más acostumbrado al mainstream, para quien una película que transcurre durante media hora entre nebulosas rojizas de LSD, apariciones venidas del infierno y planos lisérgicos que se regocijan fuera de timing, puede resultar algo cargante. Sea como sea, la segunda mitad del film en el que se divide Mandy es capaz de contentar a ambos tipos de espectadores por igual.

La vida de Red (Nicholas Cage) transcurre tranquilamente; trabaja como leñador y convive con el amor de su vida, Mandy (Andrea Riseborough) en una solitaria casa del bosque. Pero un día, los miembros de una secta satánico-hippie se fijan en Mandy y todo cambia para ambos.

Mandy

Si bien Mandy es el nombre de la mujer que encarna a la pareja de Cage en esta historia de amor y venganza, también podría definir tanto la psicodelia de los primeros compases como la violencia desenfrenada que embarga a Red en el tramo final de la cinta. Panos Cosmatos nos presenta un film en el que la fotografía tiene un papel muy destacado a la hora de explorar diferentes ambientes e imprimir tonos diferenciados en sus partes. Sólo hay que ver la bruma, casi ensoñadora, que parece envolver a los personajes durante su presentación: a partir de la irrupción de la banda de Jeremiah (Linus Roache) -personaje excéntrico y mesiánico- en el hogar de Red y Mandy, llegamos a un punto de inflexión donde la película se transforma en la vendetta sangrienta prometida.

Un Nicholas Cage sin frenos

Es difícil que un film logre acaparar fascinación tanto en su quietud como en su desfase, pero Cosmatos lo consigue; el estallido de violencia torna el onirismo en algo mucho más visceral, el campo de juego perfecto para hallar escenas de aplauso como la ya icónica lucha entre motosierras. A Cage le van como anillo al dedo esta clase de desenfrenos, y más allá del buffet libre de muecas con las que nos topamos, algo más transciende al espectador: notar que este actor se entrega con toda su alma a este tipo de iconos festivaleros en los que no existe la mesura y en los que su interpretación se siente libre y totalmente desacomplejada. Un giro en la carrera de Cage que me congratula enormemente, ya que considero que cintas como ésta o Mum and dad engarzan tanto con su expresión artística como con lo que buena parte del público espera de él.

Mandy es hipnótica y divertida, arriesgada pero también fiel al fan service: la escena del cuarto de baño en la que Red se zambulle en su dolor sería la muestra más clara de que con Mandy la frontera entre lo que es dramáticamente trascendente o jarana pura puede hacerse muy difusa. Hubiera agradecido una mayor ligereza en sus primeros compases, pero no cambio por nada la sensación de complicidad de estar recibiendo el tipo de cinta que el público más gamberro quiere. Tras su visionado me quedo con el regusto de pensar que no me importaría acompañar en más ocasiones a Red en su descenso a los infiernos.

Ficha Mandy Filmaffinity

Trailer Mandy

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

4 Respuestas

  1. hemosvisto dice:

    Nicolas Cage recuperando su estado de gracia. Como no puedo pasarme por Sitges, me la apunto para su estreno en sala o digital.

    HemosVisto!

  2. Habrá que verla. A ver cuando podemos los plebeyos :p (al final te va a gustar Nicholas Cage)

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