La Novia espera el día de su boda, pero algo inquieta su corazón; una presencia que creía olvidada, su antiguo amor, remueve sus sentimientos e invita a la duda. La tragedia tiene el tono azulado de la luna traicionera.

Revisitando Bodas de Sangre

Me acerqué a esta película desconociendo la obra en que se basa, Bodas de sangre de Federico García Lorca. La trama de la novia, el novio y Leonardo, un triángulo amoroso de desgracia, ya había sido adaptada en varias ocasiones, aunque sólo puedo opinar sobre esta pieza dirigida por Paula Ortiz. Tras el visionado de La novia, es fácil tener el convencimiento de haber contemplado algo especial, que merece la pena y que recomendarías sin dudar. Y para llegar a este sentimiento no necesitas ni acercarte a los créditos finales.

La novia: una película con alma

Cierto tipo de las películas a las que estamos acostumbrados nos hacen olvidar que el cine es un lenguaje. Los blockbusters sin inventiva, los filmes que son calcos los unos de los otros, los reboots y remakes sin fin… Todo son síntomas, más que de una falta de creatividad en la industria, de desidia y fervor por explotar la gallina de los huevos de oro. Nos han acostumbrado -nos hemos acostumbrado, también somos culpables por no explorar otro cine- a ver duplicados carentes de alma.

Esta aceptación de la obra audiovisual como algo puramente comercial, carente de carácter y de personalidad, hace que el choque sea aún más grande cuando hallamos películas que hablan, explican y emocionan. Es la magia de encontrar propuestas que se sirven de los recursos que el cine pone a disposición -más allá de los obvios- para contar una historia. En La novia, las imágenes son pura poesía; es una película que podría entenderse aun exenta de diálogos, porque cada imagen se esfuerza en ser un compendio de drama, belleza y simbología.

Inma Cuesta, pasión y delicadeza

La novia trata la obra de Lorca con un esteticismo apabullante al tiempo que rebosante de delicadez. Constituye una delicia contemplar el lirismo de las imágenes, así como la fuerza interpretativa de un reparto donde es necesario alabar a Inma Cuesta. La actriz interpreta a una novia pasional, desgarrada por las dudas, que sabe hablar con la mirada y con el cuerpo, que resulta tan sensual como conmovedora. 

Para mí, también resultó una sorpresa Asier Etxeandia en el papel del novio, tan cándido y enamorado como embargado por la ira en el tramo final. Quizás, la peor parte del pastel a nivel interpretativo se la lleva Álex García (Leonardo), quien aun así cumple en su papel.

Fotografía poética

«Y te sigo por el aire como una brizna de hierba…»

La esmerada fotografía de La novia va acompañada de la mano de una acertada banda sonora, capaz de resultar incluso más elocuente que los diálogos a la hora de expresar los sentimientos de los personajes.

La única parte que, a mi parecer, no encaja tan bien como el resto, es precisamente el clímax dramático de la película. Por mucho que esté acompañado por el Pequeño vals vienés, cojea en cuanto a puesta en escena, contrastando con la magnífica dirección y planificación del resto del film. Por suerte, justo después, volvemos a unos planos finales que nos devuelven la poesía en imágenes, aquella de la que cuesta separarse como si de una ensoñación de madrugada se tratara.

Para ver si…

    • Disfrutas del preciosismo visual.
    • No te molesta la retórica poética.

La escena

El baile donde la novia da vueltas y vueltas.

Publicado por Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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