‘Carol’ – amores que no calan

Carol

«-¿Hay algo más aburrido que la historia del pasado?

-Quizá un futuro sin historia.»

El precio de la sal, Patricia Highsmith

De entre la lista de producciones que optan a alguno de los premios de la Academia este 2016, hay uno que copa todas las alabanzas posibles: Carol, la adaptación de El precio de la sal de Patricia Highsmith, que ha sido llevada a la gran pantalla por Todd Haynes. No es la primera vez que este director plasma en imágenes historias de amor enmarcadas en un contexto plagado de obstáculos que impide su desarrollo. Dejando al margen polémicas sobre lo mucho o poco que solemos ver filmes en el que las relaciones homosexuales son representadas con cierta naturalidad, lo cierto es que Haynes siempre se ha desenvuelto bien en obras donde los sentimientos lidian con las convenciones, haciéndonos cómplices de los pormenores de sus personajes y metiéndonos de lleno en la cadena de acontecimientos.

Carol: romance en los años 50

Algo me sucede con Carol para que, a pesar de las buenas críticas cosechadas, quede lejos de convencerme. Ni siquiera a nivel formal, supongo que ya contagiada por el desencanto de la narración, pero especialmente en la composición y modo de actuar de los personajes. Sucede que cuando una historia basa su interés en los personajes, relajando todo el peso de la atención en dicho elemento, y en dichos personajes sus relaciones y vicisitudes me son totalmente ajenas e indiferentes, opino que en ese caso (no puede ser de otra manera) el objetivo de dicho film fracasa por completo. Esto es precisamente lo que me sucede con esta película.

Se nos presentan dos mujeres, Therese y Carol, de diferente condición social y metidas de lleno en diferentes etapas de su vida; por una parte Therese, una joven sencilla pero con tanta ambición como pocas ganas de quedar encorsetada, tanto en su aburrido y poco motivador trabajo como dependienta como tanto en una relación donde parece encontrarse por mera costumbre. Por otra parte Carol, una mujer acomodada cuyos cimientos vitales se ven bastante malogrados tras una difícil relación con su marido (en vías de divorcio), unas apetencias sexuales alejadas de lo que socialmente se espera de ella y un amor incondicional por su hija, cuya relación ve trastabillar por culpa de su actual encrucijada.

Un encuentro fortuito entre ambas hace (se supone) saltar la chispa, provocando que estas dos mujeres inicien una serie de encuentros donde van tanteándose la una a la otra y en los que la tensión sexual y los sentimientos no revelados van aflorando a medida que la confianza aumenta. Las circunstancias las abocarán a la carretera y a un viaje del que tal vez no regresen de la misma forma.

Muchas veces los filmes más interesantes son aquellos basados simplemente (aunque no fácilmente) en largos diálogos donde las palabras no dicen, ni mucho menos, todo aquello que pretenden y los silencios, en cambio, hablan por sí solos. Pero a la hora de valorar Carol no puedo sino perderme tratando de encontrar esto: sólo me topo con un personaje interesante, Therese, pero al que no termino de creerme en combinación con Carol, cuya personificación me resulta especialmente poco creíble y cargante. Estoy de acuerdo en que Cate Blanchett es una excelente actriz, pero aquí sólo consigue transmitirme un envoltorio elegante pero vacuo: no logro ver amor, ni una pizca de sentimiento hacia Therese en ningún momento. Tan sólo me parece adivinar la figura de una mujer hastiada de su vida y que encuentra en la joven una chispa revitalizante a la que engancharse para insuflar algo de emoción a su existencia. No encuentro amor y no me creo que en los diálogos exista algo parecido a la complicidad. Desde el principio me veo implicada en una farsa que no concuerda con el desarrollo, por otra parte innecesariamente lento y carente de interés, de los hechos.

Pretenden que “Carol” me conmueva y me deja fría como el hielo. El film no parece sutil sino hierático; no siento en ningún momento el calor del romance, o incluso la simple pasión carnal como sí pudo hacer La vida de Adèle, por poner otro ejemplo de un film en el que hay una relación amorosa entre dos mujeres. Dicho film tiene un metraje más largo que Carol, y aún así no se me hizo pesada; la historia era visceral cuando la narración lo necesitaba y reposada también cuando debía serlo. Y sobre todo, creía a Adèle, tanto en sus errores como en sus aciertos, tanto en sus impulsos como en sus decisiones.

Por más que lo intento no consigo hallar nada de esto en el film de Haynes, ni una pizca de credibilidad. Y eso, en una historia de personajes, es una herida de muerte para su consideración, desluciendo por completo el resto de características formales o la poética de algunas composiciones, como los juegos de reflejos o las fotografías invernales, que quedan tan carentes de significado como esas historias de amor que te cuentan y que, en el fondo de tu ser, sabes que no terminarán bien porque no hay un ápice de autenticidad en ellas.

Ficha Carol Filmaffinity

Trailer Carol

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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