‘Apocalypto’ – la naturaleza del hombre

Apocalypto

Me llevó un tiempo abordar la faceta de Mel Gibson como director de cine. Braveheart es una película que ha entrado, por derecho propio, en ese plantel de films icónicos, que trascienden a su intencionalidad previa para convertirse en algo más. Además, que el mismo Gibson ejerciera el papel de William Wallace supuso un hito demasiado potente como para apartarse de él con facilidad. Por otra parte, debo confesar que tengo ciertos problemas para tolerar la brutalidad de determinadas imágenes y no soy capaz de ponerme a ver La pasión de Cristo, a pesar de que tengo curiosidad.

Lo dicho; hasta el momento tenía una imagen bastante difusa del Mel Gibson en su faceta como realizador, pero hace poco tuve la oportunidad de ver Hasta el último hombre (de la cual hablo en esta videocrítica) y el otro día, en una de esas tardes domingueras de cine y manta, me puse a ver Apocalypto.

La visceralidad de la superviviencia

Ahora, ya más puesta al día, debo decir que lo que más me sorprende es el contraste. Braveheart entrañaba guerra, pero también contaba con mucha dulzura en algunas de sus partes. Hasta el último hombre quizás sea el caso más flagrante, una epopeya bélica protagonizada por un opositor de conciencia. En el caso de Apocalypto, este contraste resulta más natural debido al tema que trata, aunque no por ello, resulta menos vistoso. La violencia está ahí, esa constante imperante en todo el cine de Gibson, pero queda enmarcada por la belleza del bosque y por la espiritualidad de las creencias, aquellas dispuestas en su estado más puro, sin ser producto de un fanatismo ciego y deshumanizado.

Sucede muy a menudo que los filmes adolecen de falta de ritmo, o se nota que la trama no sigue un hilo conductor claro. En la mayoría de casos termina ocurriendo que la cinta da bandazos hasta que descarrila del todo. En Apocalypto no ocurre nada parecido, sino que la cinta fluye como un río. Desde el momento en que un grupo de amigos cazan en los alrededores de su hogar hasta esos planos finales que marcan el final de una era, la narración transcurre en forma de un tenso viaje.

Apocalypto: violencia primaria

A pesar de tenernos en vilo prácticamente en todo momento, nos lleva de la mano sin tropiezo alguno. Destaca la coherencia interna que marca el conjunto de situaciones que vemos, desde el ataque inicial hasta esa extenuante persecución final, y por el camino nos va dejando imágenes que impactan, algunas crudas y otras bellas.

El protagonista de esta historia, Garra de Jaguar, siente desde el principio un terror casi irracional, más bien una especie de presentimiento que no consigue borrar de su mente. Su padre le aconseja sabiamente que no puede permitir que el miedo perturbe su paz, pero el transcurrir de los acontecimientos le da la razón, como si la naturaleza humana fuera una presencia ominosa. El espectador, contagiado en buena parte de ese miedo, se deja llevar como si también fuera un esclavo de los acontecimientos.

Y esto es posible gracias a la buena mano de Gibson como realizador, que consigue meternos de lleno en la historia hasta hacer de ella una experiencia inmersiva. Que Apocalypto se haya rodado utilizando como lengua el maya yucateco ayuda a sumergirse aún más profundamente; eliminada ya esa capa impostada que es el idioma ajeno introducido a la fuerza, queda desnuda una obra que merece ser visionada y disfrutada en toda su magnitud.

Tráiler de Apocalypto

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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