Segundo post con el resumen de lo que he podido ir visionando a lo largo de 2018, con producción de este mismo año:

Para emocionarse con la personificación de un mito: Bohemian Rhapsody (Bryan Singer)

Si os digo que lloré lágrimas como panes en su apoteósico desenlace, una recreación directa al corazón con la actuación de Queen en el Live Aid, no exagero. No nos engañemos, la cinta resulta tópica en muchos de sus escenarios, pero el homenaje a la figura inmortal de Freddie Mercury está ahí -portentosa actuación de Rami Malek-, y su tramo final se erige entre los momentazos cinematográficos del año. 

Crítica de Bohemian Rhapsody

Para devorar las palomitas: Megalodón (Jon Turteltaub)

Una cinta que se ríe de sí misma – a veces no lo suficiente- pero que resulta efectiva como broma veraniega. Un blockbuster plagado de frases lapidarias que, con un poco más de megalodón, hubiera sido fetén. Aun así, me lo pasé como una enana en el cine viendo a Jason Statham combatir contra el tiburón gigante. 

Para hacer apuestas si se descubre o no el pastel: Infiltrado en el KKKlan (Spike Lee)

Film algo desigual en su tono, que oscila entre partes más panfletarias y de denuncia social con un grueso de la cinta mucho más desenfadado -y que, personalmente, creo que es lo que mejor funciona-. La película se nutre de las buenas interpretaciones de John David Washington y de Adam Driver, que logran aportar un tono ligero y veraz. Y los créditos finales son un puñetazo al espectador en toda regla. 

Para enamorarnos del amor adolescente: Con amor, Simón (Greg Berlanti)

Una obra dulce y que se siente real y honesta gracias a su protagonista (Nick Robinson), aunque baja puntos cuando se estanca en los típicos escenarios high school vistos en otras tantísimas cintas. Eso sin contar con la maravilla de encontrar cada vez más cine comercial que apueste por la integración LGTB.

Crítica Con amor, Simón

Para sumergirnos en una pesadilla: Ghostland (Pascal Laugier)

Ghostland es muy efectiva en el tratamiento del más puro desasosiego al encontrarse en una situación extrema. Todo queda enfocado en sus dos personajes principales, vulnerables pero a la vez fuertes gracias al vínculo que conservan. Lo nuevo del director de Martyrs funcionará para aquellos que disfruten de los films de miedo más centrados en general tensión que no en buscar la incomodidad gore. 

Crítica Ghostland

Para fans incondicionales de Abba: Mamma mia: una y otra vez (Ol Parker)

Uno de los mayores guilty pleasures del año. Sabíamos que sin Meryl Strepp no iba a ser lo mismo, aunque hay que renocerle a Lily James su carisma interpretando a la joven Donna. Menos capaz de tocar la fibra que su predecesora -y también más hábil llevándonos al sonrojo-, pero no podréis evitar mover los pies al ritmo de las melodías inmortales del grupo sueco. 

Para los amantes de las tragedias de amor: Cold War (Pawel Pawlikowski)

Gélida pero sin renunciar al alma; la nueva cinta de Pawlikowski nos embarca en una historia de amor que transcurre a lo largo de diferentes años y escenarios. Que su exquisita fotografía no os despiste; a mí personalmente, me fue ganando a medida que los ojos de Zula se van llenando de ese aire exhausto que se obtiene al luchar durante tanto tiempo por las causas perdidas.

Para una ración de buenas intenciones: Campeones (Javier Fesser)

A pesar de que no comparto el entusiasmo general por la cinta de Fesser, es innegable su voluntad a la hora de entregar un mensaje positivo e integrador en forma de comedia bienintencionada y simpática. Sin embargo, creo que no era necesario caer en simplismos de guión ni en un uso atroz de la banda sonora, hechos que para mí lastran irremediablemente la cinta.

Para la gimcana más aventurera: Tomb Raider (Roar Uthaug)

Una propuesta que retoma el personaje de Lara Croft y que encuentra su razón en la incombustible heroína, personificada por una Alicia Vikander a la que se le nota su preparación y entrega. El carisma de su intérprete es suficiente para levantar una cinta que, por otra parte, podría haber sido mucho más, pero que se queda a medio fuelle. 

Para fans del “quién es quién”: El pasajero (Jaume Collet-Serra)

Liam Neeson se ha convertido en el actor en quien confío a la hora de elegir películas de acción pensar poco y pasarlo en grande. Su carisma es tan grande que esquiva golpes e incongruencias de guión a una; la cinta de Collet-Serra resulta un buen entretenimiento con la dosis justa de intriga y que, además, cuenta con la presencia de la siempre bienvenida Vera Farmiga.

TO BE CONTINUED…

Publicado por Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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