[publicada originalmente en la web Faces On The Box]

El primer motivo para, si no adorar, empezar a prestarle algo de atención a The Neon Demon, es el tipo de propuesta que Nicolas Winding Refn nos está presentando. Algo diferente al grueso de la cartelera, arriesgado y personal, un soplo de aire fresco en toda regla que viene a revitalizar un consumo cinematográfico cada vez más esquemático. Lo cierto es que me tiene algo harta que casi todas las películas parezcan sacadas de una factoría, cortadas por el mismo patrón y tan masticadas que no te hacen mover ni sola una neurona. Así que, por qué no, me encanta recibir esa sacudida tan característica al sentir que estoy viendo algo diferente.

The Neon Demon: un ángel en la noche

Una vez expuesto esto, también decir que puedo entender perfectamente que esta película no guste a todo el mundo, pero aquí voy a hablar de los elementos que a mí, particularmente, me han conquistado de este film.

Para empezar, la trama, que ya de por si me pareció muy atrayente. La fórmula se arma de esos instintos que muestran la cara menos amable del ser humano, como son la envidia y la arrogancia. Si bien estas actitudes son fácilmente situables en un contexto como es el de las pasarelas, también resultan muy sencillos de extrapolar a nuestra realidad cotidiana.

The Neon Demon es una película que parece buscar la truculencia (y regocijarse en ella) en algunas de sus escenas, pero a mi parecer simplemente ejerce una sencilla alegoría de la sociedad actual, y lo hace mediante el poder de las imágenes y del simbolismo. Incluso ese final, que roza lo absurdo y lo demencial, pone de manifiesto, precisamente, lo ridículos que llegamos a ser en nuestra obsesión por el físico y por destacar. Está llevado al extremo, sí, pero…¿cuántas veces nuestra sociedad ha sobrepasado los límites inimaginables?

Los demonios del ser humano

Creo que para responder a la incógnita sobre el “demonio de neón” la mayoría de las respuestas serían correctas. A mi parecer, los aspectos “diabólicos” de la cinta serían tres: El primero, Jesse tomando consciencia de su poder durante la escena de la pasarela, observando con una mezcla de horror y fascinación su propia imagen y adoración. Egolatría pura sumida en lo onírico, la escena «más David Lynch» que encontraremos en el film.

El segundo “demonio” de la cinta serían las propias compañeras que forman la competencia de Jesse. Frías, hieráticas y, al mismo tiempo, llenas de miedo e ira al verse sobrepasadas por la recién llegada. Esa pulsión que mezcla admiración y envidia va tomando cada vez más cuerpo, convirtiéndose en una presencia invisible pero muy presente en el grueso de la cinta. Y el tercer y último demonio, pero no por ello menos importante, sería el formado por el fantasma del rechazo, una fuerza incluso más poderosa que las demás.

Entre universos de neón

Otro aspecto muy remarcable en The Neon Demon es, sin duda, su estética. La fotografía está medida para que sus colores provoquen contrastes e imágenes capaces de resonar en la memoria. La puesta en escena, infalible para mostrar la cara más gélida de una industria que se deshace sin contemplaciones de aquello que ya no le sirve y que idolatra la belleza por encima de cualquier otro valor. Muchos de los planos están muy bien escogidos para crear distancias -físicas y emocionales- y para sumergirnos en un mundo que se parece -y no- al nuestro. Una especie de dimensión alternativa, similar a la nuestra pero que chirría en el recuerdo como una pieza perturbadora que no termina de encajar.

Todo esto, sumado a la buena labor del reparto, ha hecho que, para mí, The Neon Demon se haya convertido en una de las cintas más memorables que he podido ver a lo largo de este 2016.

Ficha The Neon Demon Filmaffinity

Trailer The Neon Demon

Publicado por Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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