‘Kubo y las dos cuerdas mágicas’ – magia animada

Kubo and the two strings

Aunque sea un hecho demencial para muchos -entre quienes me incluyo-, todavía existe mucha gente que menosprecia el género de animación por considerarlo infantil. Este enclaustramiento de un género que ha demostrado en multitud de ocasiones que puede ser tanto o más maduro que el supuesto cine adulto sigue pesando en algunos sectores. Y aunque películas como Kubo y las dos cuerdas mágicas puedan tener como target principal el público infantil, lo cierto es que constituye una de muchas obras capaces de conquistar a niños y mayores por igual. De hecho, es posible que los adultos acaben enamorándose con mayor intensidad de películas como ésta; los años permiten apreciar los detalles y dar cabida a sentimientos que pasaban desapercibidos durante la niñez. 

Abandonando este jardín y renunciando -por el momento- a hablar de todas esas maravillosas obras de animación dirigidas exclusivamente a adultos –Persépolis, Arrugas, Vals con Bashir por citar unas pocas, toca entrar en materia. Hoy quiero hablaros de Kubo y las dos cuerdas mágicas, una preciosa obra para todos los públicos que, pese a su origen estadounidense, condensa influencias orientales. 

Kubo y las dos cuerdas mágicas

Kubo y las dos cuerdas mágicas: aventuras en stop-motion

Kubo es un niño japonés que vive en una cueva con su madre, ambos aislados del resto del pueblo. Su madre está cada vez más desconectada de la realidad, pero aun así siempre le recuerda a su hijo que no debe salir tras la puesta de sol. Así, Kubo pasa los días en el pueblo, donde toca su laúd y entretiene a los demás gracias a su habilidad para dar vida a sus origamis. Un día se entretiene más de la cuenta y llega la noche. Y entonces empiezan los problemas de verdad.

Lo primero que sorprende de Kubo y las dos cuerdas mágicas es su estilo de animación mediante stop-motion, algo que aporta un resultado muy vivo y lleno de expresividad. Tanto el diseño del protagonista como del resto de personajes es detallado y sumamente bonito, y lo mismo sucede con las localizaciones y las maravillosas formas que adopta el papel de Kubo. Si sientes curiosidad por saber cómo lo hicieron, quédate a ver los créditos. 

Kubo y las dos cuerdas mágicas

Una historia con sabor japonés

Al margen de su calidad visual y estética, que no es escasa, Kubo y las dos cuerdas mágicas conquista gracias a la originalidad de su historia. No es tan habitual que un estudio de animación occidental se inspire en mitologías como la japonesa, menos a día de hoy, cuando priman las secuelas y los refritos de ideas exitosas. Esto proporciona una variedad y frescura en el filme que son de agradecer.

Kubo es una historia hermosa con personajes terribles, en la que pasamos del encantador hombre escarabajo a las tías del protagonista, francamente estremecedoras. Nos encontramos frente a una historia muy humana a pesar de los elementos mágicos que ostenta, enriquecida de una mitología fascinante. Afortunadamente, Kubo opta por huir de maniqueísmos y resolverse desviándose por derroteros más ambiguos, contradictorios, en definitiva, muy humanos.

Kubo y las dos cuerdas mágicas es un film de animación que requiere ser paladeado y que no es apto para consumo rápido. Una de las mejores propuestas del año en cuanto a animación, situándose como un filme a reivindicar en el conjunto global de la cosecha de 2016. En definitiva, una película que conviene deternerse a disfrutar, tengas la edad que tengas. 

Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata.

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