Cumbres borrascosas 2026

«Cumbres borrascosas» (2026): una idealización febril de la novela de Emily Brontë

Antes de acomodarte en la butaca del cine o apoltronarte en el sofá de tu casa para ver la nueva adaptación cinematográfica de Cumbres borrascosas, deberías tener en cuenta un par de cosas, especialmente si has leído —y amado— la novela de Emily Brontë.

Digo esto porque, sinceramente, opino que es posible disfrutar de la película de Emerald Fennell… siempre y cuando sepas a lo que te enfrentas. No estamos ante una adaptación fiel, sino ante una reinterpretación del material original.

El tráiler ya nos dio unas cuantas pistas sobre lo que íbamos a encontrar, y este no es un caso de publicidad engañosa. Cumbres borrascosas (2026) convierte a Cathy y a Heathcliff en una historia de amor bigger than life mediante la épica romántica y el erotismo.

Una vez sabiendo esto… ¿sigues conmigo un poco más?

Sexo y muerte se dan la mano

La primera escena de esta nueva adaptación ya nos da una pista clara de la visión de la directora. Los niños asisten a un ahorcamiento público, un espectáculo sórdido que suscita fascinación y rompe la línea entre el eros y el thánatos (sexo y muerte).

En la novela de Cumbres borrascosas, el erotismo es omitido de forma totalmente consciente. Más allá del contexto victoriano, Brontë establecía así un aspecto clave en la relación entre sus protagonistas: no habla de un amor romántico, sino de dos personas que se sienten una sola, hasta el punto de anularse como individuos.

“Sea cual sea el material de nuestras almas, la suya y la mía son lo mismo”, decía Cathy en la que es una de las líneas más famosas de la novela.

Hay algo pueril en la crueldad y en el afán de venganza de Cathy y Heathcliff, que de alguna manera nunca dejan de ser dos niños que juegan sin temer las consecuencias. Su relación no evoluciona de forma romántica, sino que se basa en la dependencia mutua, hasta tal punto que ni la muerte es capaz de separarlos.

Emerald Fennell descarta lo gótico y fantasmal de la novela y pone en su lugar una relación afectiva donde lo físico toma el protagonismo absoluto. Un bodice ripper (romance histórico de corte erótico) en el que el sexo y la pasión empapan el relato.

No encontramos a Emily Brontë ni se la espera; la directora ya fue clara con sus intenciones en un título entrecomillado que tiene mucho más de idealización febril que de adaptación.

De hecho, la película cubre menos de la mitad de los acontecimientos narrados en la novela, suprimiendo personajes y dejando a sus protagonistas aún más solos —y aislados— en los páramos de Yorkshire.

Idealizando a Cathy y a Heathcliff

Uno de los grandes méritos de Brontë es que, a pesar de lo detestable de sus personajes, pocos lectores abandonan su historia.

Heathcliff crece en un ambiente sumamente hostil, moldeado por la diferencia de clase, la crueldad y el deseo frustrado, algo que determinará sus acciones futuras. Dista mucho de ser un personaje amable o redimible; le mueven la venganza y el odio y no hay apenas espacio para la compasión.

Él funciona como reverso perfecto de Cathy, una niña caprichosa y egoísta que crece sintiéndose parte espiritual de Heathcliff, pero que no duda en usar a los Linton para escalar socialmente y asegurar su posición en el mundo que desea habitar.

Ambos establecen un juego que tendrá graves consecuencias, no sólo para ellos mismos y su entorno cercano, sino también para la siguiente generación. Y todo ello sin apenas remordimientos ni cargas de conciencia.

Este comportamiento, que es el esqueleto de la narración de Brontë —intensificado por una narradora poco fiable— se representa de forma muy residual en la Cumbres borrascosas de Fennell, donde los aristas morales se suavizan y es posible idealizar y empatizar con sus protagonistas.

Así que, si bien podemos ver algún que otro destello de los personajes originales —la crueldad hacia Isabella, la melancolía exacerbada por la naturaleza, las acciones cuestionables de Nelly—, el objetivo es otro muy distinto: romantizar aquello que en la novela resultaría incómodo y perturbador por la brutalidad y crudeza de los actos y decisiones de sus personajes.

El romanticismo en la era TikTok

Tenemos claro que esta nueva Cumbres borrascosas busca encandilar al espectador con una historia de romance y pasión prohibidas, donde el erotismo toma el control y empapa por completo la narración.

Por lo tanto, tiene más de Los Bridgerton que de la novela de Brontë; la naturaleza salvaje choca contra la estridencia de los interiores y de las vestimentas. La granja donde viven los Linton se convierte en una casita de muñecas opulenta, que roza lo kitsch.

Se pretende banalizar la clase social de Edgar y de Isabella, pero es evidente que existe un divertimento en lograr que el ropero de Cathy sea lo más loco y llamativo posible. La exuberancia hueca de la residencia Linton me divierte, pero lo que de verdad me gusta es cuando la directora parece acordarse de la novela y deja que la naturaleza salvaje y casi fantasmal tome el control. Sucede muy poco, a decir verdad.

Pero… ¿me ha gustado Cumbres borrascosas?

Curiosamente, la respuesta es sí: me ha gustado Cumbres borrascosas. La he disfrutado, no como una adaptación de la maravillosa novela de Emily Brontë, sino como un fanfic de alto presupuesto, en el que la historia inmortal de Cathy y Heathcliff es objeto de un retelling libre y desacomplejado.

Ellos están tan alejados de las personalidades que imaginé leyendo el libro que me resulta fácil distanciarme de lo que podría haber sido una adaptación fiel. Sinceramente pienso que trasladar a la gran pantalla la esencia original de la novela es una tarea sumamente difícil y compleja.

Así que, si vas al cine a ver Cumbres borrascosas, mi consejo es claro: deja en un cajón el recuerdo de la novela y entrégate a esta idealización febril sin expectativa alguna de hallar fidelidad.

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