Resulta fantástico cuando, de vez en cuando, descubro películas que revitalizan un subgénero explotado hasta la extenuación (siempre desde mi particular y subjetiva perspectiva). Hace pocos meses vi Melanie, the girl with all the gifts, un film que me sorprendió por extraer un punto de vista algo diferente, basándose en una alegoría entre los zombies y las minorías, siendo éstas marginadas por razones como la incomprensión o la intolerancia. En el caso de la película que nos ocupa, Maggie, continuamos en el subgénero de infectados, pero en este caso la alegoría toma una forma bastante más dramática e intimista.

Maggie (Abigail Breslin) es una adolescente que vive en una realidad en la que la gente infectada extiende su enfermedad entre la población, provocando una lenta transformación en sus víctimas hasta que finalmente se tornan seres sin raciocinio, hambrientos de carne humana. Maggie ha sido mordida por uno de ellos y, como consecuencia, es sentenciada a un breve periodo de progresiva pérdida de humanidad; podría ser trasladada a la llamada “cuarentena”, pero su padre (Arnold Schwarzenegger) se niega a que su hija pase sus últimos días en otro sitio que no sea su hogar.

Maggie es una cinta con una historia que contar, tarea a la que se entrega de forma sucinta y atinada, en un tono reposado muy bien elegido. En este caso no nos encontramos ante una carnicería típica del subgénero, sino que la película explora el entorno de una familia cuando uno de sus miembros sufre una mordedura fatal. Sin incidir -pero sin dejar de lado- en los aspectos más cruentos de la transformación en un muerto viviente, observamos tanto la angustia de Maggie frente a su continuo deterioro como el dolor de un padre, impotente ante una situación que no puede controlar.

De esta manera, Maggie evoluciona de manera natural en algo más; lejos de focalizar la atención en un elemento fantástico como es una infección zombie, como espectadores observamos la desgracia de una adolescente sobre la que ha caído una enfermedad terminal. A efectos de trama, daría igual que Maggie sufriera otro tipo de patología; el punto fuerte de este film de Henry Hobson, que resulta casi minimalista, consiste en sostener un tenso drama sin cargar las tintas en demasía, haciendo creíbles las reacciones y las emociones que surgen de la relación paterno-filial o del propio círculo de amigos.

Una de las claves que hacen que visionar Maggie deje una sensación especial son las interpretaciones de sus dos protagonistas. Mientras a Abigail Breslin la hemos visto en producciones variadas abordando roles muy distintos desde que se hizo famosa en Pequeña Miss Sunshine, a Arnold Schwarzenegger le tenía en un perfil mucho más encasillado, como héroe de acción y poco dado a reflejar emociones. La sorpresa es encontrarse aquí a un Schwarzenegger tan contenido como efectivo, capaz de traslucir sentimientos sin caer en lo exagerado o paródico. Una grata sorpresa la de hallar a un «Schwarge» crespuscular, fuera de su elemento y ofreciendo una interpretación muy notable.

Maggie constituye un drama alejado del terror típico del subgénero pero impregnado de ese tipo de horror sutil que hace cuestionarse al espectador qué haría en una situación similar. Los que esperen una carnicería zombie no hallarán tal cosa, pero si saben valorarlo encontrarán en su lugar una cinta pequeña pero fiel a su premisa de mostrar el derrumbamiento físico y psicológico que supone saber que el tiempo de uno es limitado.

Ficha Maggie Filmaffinity

Trailer Maggie

Publicado por Noemí Escribano

Comunicadora Audiovisual, lectora voraz y procrastinadora nata. Ver más entradas

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